Rough sex

Todo un galanazo, de un metro noventa y tres. Profesional, independiente, atractivo, soltero, sin hijos y disponible!!! Me encantaba. Inteligente, leía todo el tiempo, le gustaba el cine y me invitaba a cenar. Era perfecto. Teníamos una química que los vecinos envidiaban. Los dos meses que estuvimos fueron de gloria, aunque me parecía llamativo que le gustaba el sexo duro; a mí me había empezado a gustar ese jueguito de que me chirlee un poco, o me tome del pelo con fuerza. Todo llevaba a un mayor deseo y al sexo más intenso. Así fue hasta que un día se le fue la mano, y me dejó sus cinco uñas marcadas en mi nalga derecha. .. Más que rudo era dolido. Cuando le escribí contándole que tenía cinco cascaritas en lo que él siempre llamó “un culito hermoso” me respondió “y bueno ¿qué querés? ¿Que la próxima me ponga guantes?”. No mucho me llevó darme cuenta que este señor no estaba demasiado interesado en mí, ciertamente. Algo noté antes de esta anécdota, cuando le pregunté por qué sistemáticamente me dejaba marcas de sus besos en mi cuerpo y me contestó “¿y por qué no?”. Me sentí una vaca marcada a fuego. Mis cascaritas estuvieron en mi lindo culito por más de diez días. Él en mi cabeza por varios más.  

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