LITIO BOY

Ya una vez en la estación de subte y con mi cabeza llena de Liev Davídovich, advertí a mi lado un tipo (de unos 40 años) que me miró con decidida insistencia. No respondí con igual gesto pues quería volver a mi enredo literario pero él persistió y, levantando su apuesta, caminó hacia mí y deslizó un comentario trivial. La suerte no estuvo de su lado cuando le sonó su celular, el cual miró y atendió. Mientras tanto, el subte llegó, me subí y abrí mi libro. Me entregué a Padura hasta el arribo a mi estación cuando al bajarme escuché una voz: “flaca, flaca” (el tipo) “te puedo invitar un café? Por favor, me bajé en otra estación para preguntarte”. “Bueno, dale”, contesté. Lo que ocurrió después fue, sin duda, lo más turbado (sin intención chabacana) que me aconteció en los últimos meses. Ni bien nos sentamos, se presentó. Soy fulano, me dedico a tal cosa.. bla bla. No pasaron más de dos minutos de tener el café frente nuestro cuando agregó: “la verdad no sé el motivo por el cual te voy a contar esto, pero creo que es porque me inspirás confianza” (pensé, por favor no me lo cuentes). Continuó: “tengo un hijo de 17 años que vive en Mar del Plata. Y la verdad es que no lo veo seguido, en realidad casi nunca, la madre se lo llevó”. . se le llenaron los ojos de lágrimas, miró hacia abajo y se tapó la cara. Empezó a lagrimear!! A los segundos se secó un poco haciendo de cuenta que se recomponía de su mal momento y agregó: “no sé, perdón que te cuente todo esto pero tenés una luz especial”. Objeté: “bueno, bueno, si querés la apago en dos minutos” (ja ja ja). El comentario no fue comprendido y rápidamente concluí que: el humor no era una opción y apenas termine mi café, huiría. Pregunté, entonces: “¿Cuánto hace que tu hijo vive en Mar del Plata?”. “15 años”, deslizó sin pensar. Mi risa fue inmediata, irónica y ciertamente inexplicable (para él). ¿Tenés pareja? Inquirió. Pensé en contestarle: novio, marido y amante y están los tres esperándome en casa (ja ja ja), pero ya había sentido la aspereza de mi anterior humorada, así que preferí omitirla. Me remití, entonces, a -la por mí venerada- Karina Jelinek y enuncié: “lo dejo a tu criterio”. El tipo largó media sonrisa, mientras yo empezaba a agarrar mi cartera. Su rígido rictus me llevó a expresarle “un GUSTAZO haberte conocido, me tengo que ir, me están esperando” que no evitó su –por mí temido- comentario: “Necesito volver a verte” .. yo hubiese sugerido una elevada ingesta de LITIO, pero descarté tal consejo en función de lo vivido hasta el momento. Su porfía en un próximo encuentro me llevó a recordar mi “máxima” para situaciones extremas (nunca falla): pensá y salís. “Bueno.. dale!!” contesté: “te paso mi teléfono”, escribí cualquier número y me fui, con la certeza de ser una reventada más en su compleja existencia.

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